Escribir es mi felicidad

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miércoles, 11 de septiembre de 2019

La bombilla perdida



La bombilla perdida

Es insospechable lo que puede originar en una casa cuando algo  se extravía.Algunas personas ante la pérdida de un objeto entran en un estado de enajenación extrema, confunden la noción del tiempo, sólo existe uno, el presente constante, permanente, el de la pesquisa desesperada por hallar lo perdido.
Comienza una frenética y obsesiva exploración  en lugares insólitos Revuelven la basura sin importar meter las manos entre cáscaras de huevos, banana, yerba, restos de comida. Los cajones de los muebles son abiertos en un desenfrenado hurgueteo entre utensilios de cocina, manteles, servilletas. Los cubiertos, se sacan y tiran al piso, en un total desorden. Se revisan estantes, heladera, roperos, debajo del colchón, se vacían cajas, bolsas de medicamentos, de zapatos, con la igual minuciosidad de observación.
Paulina usaba tanto para el mate dulce como amargo su bombilla de alpaca. Martín tomaba mate amargo con agua casi hirviendo y lo hacía en uno redondo, tipo artesanal con una bombilla también de alpaca, más gruesa, lisa, sin ningún ornamento. Fue obsequio de un compatriota oriental que realizaba mates artesanales aunque las bombillas eran compradas a otros artesanos para beber la bebida tradicional de uruguayos, argentinos, brasileños y otros países sudamericanos. Se la regaló un día que lo visitó en ocasión de una feria de artesanías. A Paulina se la regaló Martín para un cumpleaños ya que tomaban mate con el agua a temperatura diferente y era la mejor manera de dirimir esta cuestión.
La historia de la bombilla escondida arrancó un domingo a la mañana.
Antes de ir a realizar el programa radial, Martín le dijo a  Paulina : "ahí te dejo el mate, está casi nuevo, seguílo" .Ella pensó que estaría bueno, él no tomaba más de cinco o seis y la yerba quedaba casi nueva. Cambió la bombilla por la suya,  la de Martín se tapaba, además en la de ella , el agua salía suave, con sorbos de otro gusto , la usaba tanto para amargo como dulce .Sacó la bombilla de él y la dejó en la mesada .
Luego vinieron preparativos para el almuerzo, Paulina hizo fuego, le fascinaba preparar esa torre de maderas con cajones de verduras, papel de diarios y encima colocar los leños .Vertía un chorro de aceite usado, la encendía e iniciaba esa ceremonia ancestral en la que rápidamente el fuego comenzaba a crepitar la fogata. Extasiada la miraba y se imaginaba con tribus de mujeres bailando alrededor, elevando cantos a las ancestras. La máscara del dios fuego observaba detrás de la hoguera con ojos penetrantes.
Cada tanto bebía un mate y se sentía reconfortada ante el calor de las brasas que ya se iban formando. El limonero resplandecía de frutos y azahares a punto de explotar.
Martín llegó con el asado y empezó el ritual. Paulina siguió el mate en la cocina picando ajo y  preparando las ensaladas. Esa de naranjas y cebollas que había hecho la Turca el jueves en la cena en lo de Luana se juró que la repetiría .Ahí estaba cortando gajos  jugosos anaranjados y finas rodajas blancas y transparentes. En otros cuencos, apio, manzana verde y queso;  bastante zanahoria rallada y una lechuga arrepollada completarían el menú del domingo.
Al rato llegó María Rita con un vino malbec , pasó para el quincho  y se puso a conversar con Martín. Paulina limpió la mesada ,tuvo cuidado de dejar la bombilla bien a la vista sobre la ventana de la cocina .
El almuerzo fue magnífico. La carne tierna, jugosa, crocante; hubo conversaciones sobre Borges, Onetti y, algo de política. Valeria  se hamacaba entre los lazos de amor  , los helechos espumosos y el asta de ciervo .
Después vinieron unos tés de vainilla y canela, algunas fotos y despedida hasta otro pantagruélico convite.
Paulina se acostó a ver una película y se durmió plácidamente.  A la mañana siguiente comenzó el descontrol. Un desquiciado Martín preguntó –“¿Y mi bombilla?” Paulina le contestó entre dormida  . “Ahí , en la mesada”
Se ocultó la cara con el cobertor de modo de no ver nada  , pero con los oídos aunque se los tapara podía escuchar el golpe de cajones al abrir y cerrar, el ruido infernal de esas bolsas  que dan en las tiendas de ropa , la frutera fue dada vuelta , las manzanas y hasta el limón deforme salieron rodando por el piso. La ropa secada al sol  sobre la silla ,sábanas , toallas y prendas quedaron desparramadas. Paulina en un instante atinó a buscarla esquivando los elementos desperdigados mientras Martín se había ido a encontrar la célebre bombilla al dormitorio. ¿Quizás pensó en un momento que  Paulina la habría guardado en el placard? Se volvió a la cama improvisada en el comedor y se cubrió nuevamente la cara. De a poco los estrepitosos ruidos fueron desvaneciéndose. Fisgoneó entre la sábana y la almohada que Martín tomaba mate y carraspeaba.  Se puso a pensar en lo que haría esa mañana. Cuando quiso acordar , un tintineo de llaves y el olor al perfume nuevo de Martín le dio la clave de que pronto se marcharía a trabajar. Escuchó el cerrojo y el motor del auto.
Ahora sí se levantó. Miró el mate sobre la mesa con su  bombilla  , lo probó , sintió que estaba casi nuevo no obstante le cambió un poco la yerba . Era un día radiante de sol espléndido. Leyó algunas noticias de cultura , se fijó si tenía alguna amistad nueva en el facebook y las notificaciones. Miró el reloj , las 12. Ya era tiempo de preparar algo para comer. Valeria le envió un mensaje que se quedaría en lo de Agos. Puso a calentar la carne que había sobrado en la olla y con puré , tomates y  brócoli armaba la mesa. Oyó el auto estacionar. El ruido de llaves y la puerta que se abrió. El perfume nuevo de Martín invadió toda la casa. “¿Encontraste la bombilla? fue lo primero que le preguntó. No- contestó Paulina  , tampoco la busqué" "¡Qué desgracia!" comentó él y otra vez recomenzó la búsqueda de la bombilla perdida .Paulina no pudo evitar pensar en Proust  y en el tiempo que se pierde buscando cosas perdidas. “Calenté la carne,  hay puré y ensaladas” Él ni la oyó  . Otra vez se fijaba en el escurridor de la vajilla , levantaba la frutera, abría por quinta vez el cajón donde se guardan servilletas ,manteles y cositas como el cosito de la pizza. Fue hasta el quincho , revisó cada rincón de los muebles , dentro del canasto de la ropa , abrió el horno de la cocina que usaban para freir . Paulina desistió de sentarse a comer. “Mejor me pongo a leer el cuento que tengo para corregir debajo del limonero “  Esa fragancia dulzona y ácida le hacía bien . A eso de las 16, llegó Valeria. De la mochila sacó un pocillo turquesa y una bombilla .La bombilla perdida. Y con ese tono entre enojado e irritado le dijo -"Me llevé la bombilla ayer a la costanera para tomar mate de té con limón. ¡Tanto escándalo por una bombilla , ni que fuera de oro. Me dijo que le salió 4.000 pesos” !“Jaja, a mí me dijo que 1500 ",  le respondió Paulina

Martín se levantó de la siesta y nada .No dijo nada Ni una disculpa , ni “bueno ,viste que Valeria se llevó la bombilla” .Paulina tampoco comentó el hecho .Hace tiempo que ya no preguntaba ni respondía ante estas situaciones de objetos perdidos.
Eso sí, al otro día cuando en el almuerzo salió el tema vaya a saber por qué motivo se trenzaron en una discusión acalorada “Que me tenés que avisar cuando me sacás algo” “Que estabas durmiendo”. “Que semejante escándalo por una bombilla” “Que te explico que me salió 1500” (ante Paulina igualó el valor)  “que fue un regalo, que yo me levanto y no encuentro la bombilla” Valeria: “ que te pasa, estás neurótico?  ¿ qué tanto lío por una bombilla? " Hasta que Paulina dijo :¡Basta! No quiero escuchar más hablar de esta bombilla ni de ningún objeto perdido en esta casa. Ni escucharlos discutir. Valeria reaccionó con su actuación favorita :“Me tienen harta”  "¿Por qué no me abortaste? le dijo a Paulina . Son dos psiquiátricos. Y una serie de frases que Paulina sabía de memoria.
Terminó de preparar el bolso para el regreso a su otra casa en la ciudad de costas arenosas y río dulce. 
Llamó el taxi , cargó sus maletas y llegó a la terminal .Se subió al ómnibus y cerró los ojos .Durmió profundamente. Una chica la tocó en el hombro, “Señora, ¿ usted baja aquí?, porque ya llegamos.

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Patricia

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