Escribir es mi felicidad

Escribir es mi felicidad

domingo, 13 de octubre de 2019

Haikus








HAIKUS



Rocío verde

Tierno frescor súbito

       Bebe duende* luz  




                                      

*duende. mariposa marrón



Nubes de libros

Palabras en urdimbre

Azul memoria





¿Trae el río

Ramajes de ilusión?

¿ o falsos sueños?




Pesadilla gris

Arena turbia tiempo

Alucina noches








Lee la niña

Mito y fábula cruel

Fascinada flor



Del naranjo fue

Dulcísimo  té de sol

Y bebí tu piel 





Sobre la cama,

La seda satén y tul

Tus pies desnudos ríen





Y un pez fiel, nada

Al fin del poema le

Crecen agallas








Un atardecer

de un verano cósmico

Besos de sal







Boca de dragón

Exalas de tus labios

 Rosas esencias



Patricia Delaloye

Elena y la peluquería



Elena  en la  peluquería



Elena pasó por la peluquería esa tarde y otra tarde, muchas tardes. No se animaba a entrar. Ella nunca se animaba. Había pensado que un corte la favorecería y le daría un nuevo estilo. Además el cartel decía: “Masajes capilares descontracturantes”. Esto la estimulaba más. En la oficina le hacían la vida imposible .Sobre todo Beatriz con ese maltrato y su arrogancia. Pero que le toquen la cabeza, que otras manos desconocidas palpen su cuero cabelludo la intimidaban. Si a ella la única que la peinó era su madre. Al fin una tarde se decidió. Entró y un joven con un mechón turquesa en el flequillo le dijo ¡Qué bueno que viniste! ¡Te veía siempre mirar por la vidriera!  Vení, tranquilita, sentáte en este sillón cómodo y dejá todo en mis manos. Elena  cerró los ojos y se abandonó a su destino. El estilista hizo su trabajo en media hora, a Elena le pareció una noche entera. Corte, frotado, lavado, secado y teñido. ¡Ya está! Miráte, ¿no estás divina? Elena se miró al espejo y un mechón fucsia #fulminante le caía por la frente.
Sintió un escozor en todo el cuerpo y pensó:”Mañana pido una licencia por enfermedad” Se van a reír de mi. 
¡Nunca podré ser feliz aunque sea un día!”

Esa niña

Nicoletta Ceccoli


Esa  niña corre detrás de un hombre .
Ella o ha visto pasar por la calle.
El hombre va en una bicicleta.
Ella lo ha visto tomar agua de la canilla y enjuagarse la boca 
También tirar un buche blanco espumoso  tras la tina de madera.
Subirse arriba de la bicicleta 
Corre y corre. 
Y llora desesperadamente
Se cae, tropieza .Se levanta y corre.
Siente el raspón en la rodilla. 
La sangre corre por su pierna.
El hombre no la escucha.
Su padre no la oye. 
La bicicleta y el hombre se alejan cada vez más.
El hombre o su padre ya son una manchita negra en el horizonte
Ahora su madre la alza en brazos. No sabe si es verdad.
Ella aún tiene sangre en la rodilla. 
Su pelo rubio está oscuro de sudor y tierra. 
Nunca más se habló del asunto.
Hace calor. Los perros de los vecinos ladran. 
Mira el reloj .Son exactamente las 3 de la madrugada. 
Exactamente la hora en que murió su padre. 
Aún ve en loca carrera a aquella niña que es ella y otras niñas.
Jamás supo si fue verdad o una pesadilla .

Elena





Elena


Elena va la oficina  bien arreglada. Es muy detallista con su peinado, vestimenta, maquillaje. Se coloca el perfume detrás de la oreja, en la nuca, en la sien. Tiene tres pares de zapatos que  combina con los colores de sus trajecitos y pantalones. Saluda a todos amablemente .Cuando llega  y cuando se va. En el café de media mañana Beatriz se levantó y dijo en voz bien alta que firmaran quienes iban a ir a la cena del sábado. Y pasó una lista. Cuando llegó a su escritorio su nombre y apellido no estaba. Se la dio a su compañero .Cada uno firmó y Beatriz la guardó. Ah y no se olviden de llevar cubiertos, agregó más fuerte. Elena decidió que iría igual. Pero esta vez daría un vuelco a su estilo. Se tiñó el pelo de un rojo alucinante. Compró una túnica con bordados dorados  en la boutique hindú de la galería del centro. No usaba zuecos desde la adolescencia .Esta vez se animó. Y se colgó una cadena con un medallón turquesa con el símbolo del ying y el yang. Envolvió los cubiertos en un papel de regalo que guardaba en el armario del comedor. Los puso en la cartera de lona con un búho que pintó ella misma. Llamó al remise. El salón estaba iluminado tenuemente y había música suave. Lo voy a pasar bien pensó .Y se dio ánimo. Empujó la puerta pero no abría. Luego vio el cartelito “Tire”  .Tiró  y entró. Como en una película surrealista vio a todos los ojos sentados .Juan Carlos vino a recibirla. Beatriz se acercó y agarrándose la cabeza le  dijo : "Elena , no hay mesa para vos .Y encima no es una fiesta de disfraces”. Elena sintió realmente que nunca sería feliz un instante por el resto de sus días.

Patricia Delaloye

viernes, 4 de octubre de 2019

Paulina y los seres imaginarios

Paulina y los seres imaginarios.
"Cada criatura del mundo
es como un libro y una imagen
para nosotros, y un espejo".

Alan de Lille (teólogo y poeta francés del siglo XII)


Las palabras evocan una creencia generalizada de la Edad Media: que cada piedra, planta y animal, por humilde que sea, desempeñaba un papel en el gran diseño de la creación de Dios. Los humanos podían leer la naturaleza, como un libro, para revelar e interpretar la verdad espiritual.
Paulina sintió  una  fascinación por la mitología y los seres fantásticos desde  niña. Solía ir a leer a la biblioteca de la escuela primaria en los recreos y a la tarde como socia. Sentada en el piso de parquet encerado, luego de haberle solicitado a la bibliotecaria libros sobre esas temáticas, sólo el timbre del recreo la sobresaltaba con la cabeza sumergida entre las ilustraciones, grabados y reseñas de antiguas cosmogonías .
Al principio la maestra le sugirió que leyera las Fábulas de Esopo y La Fontaine .Así lo hizo .Las que más retenía en la memoria eran aquellas en que los animales se devoraban unos a otros o eran muertos, desollados o sacrificados.  
La del lobo con piel de oveja, El águila y la zorra, El cazador que es mordido y muerto por una áspid.

Otro día se pasó releyendo la fábula del águila y el búho, imaginaba como en el descuido del alado animal, el otro se engullía a todas las crías del soberbio ave quien le había advertido que sus cachorros eran tan bellos y preciosos que los reconocería. Sin embargo el hambriento lechuzón  sólo vio unos animalejos monstruosos, repugnantes, de aire hosco y voz chillona. Y los devoró con fruición. Entendía las moralejas pero más se deleitaba con los relatos cruentos y sangrientos.
A medida que iba saciando su sed de truculencia y crueldad empezó a fijarse ella misma en los estantes donde se ubicaban los libros de mitología griega, romana y orientales.



Un inmigrante había donado una enciclopedia ilustrada en la que Paulina podía distinguir entre las letras góticas medievales del título las palabras  “Bestiario Latino Medieval”
Para investigar el  grueso libro, encuadernado con cuero envejecido, agrietado, con olor a la piel de los embutidos de la carnicería, Paulina debía ir a la biblioteca  a la hora exacta en que abría a los socios y se quedaba hasta el cierre.
No entendía las frases ni los relatos en latín pero quedaba subyugada por las ilustraciones de monstruosos animales .Luego cuando cursó el bachillerato pudo profundizar de qué trataban esas narraciones.

Por primera vez supo de la mantícora, una criatura con alas parecidas a murciélagos, la cara y la barba de un hombre, un cuerpo rojo y del tamaño de un león, ojos azules y tres hileras de dientes. Se decía que venía de la India y tenía una voz horrible: un cruce entre una flauta y una trompeta. Tenía cola de escorpión con aguijones en cada lado, que picaba tan rápido con esta arma que cualquiera que se acercara se enfrentaría a una muerte segura. Una opción para quienes se toparan con la mantícora era atacar desde la distancia, pero con cuidado, ya que la misma también podía utilizar su cola como arco y flecha. Rápida como un ciervo, la criatura era cruel y ansiaba carne humana. El ejemplar tenía a modo de glosa breves reseñas prendidas con alfileres herrumbrados que el hombre había traducido. 
Así Paulina comprendía mejor el retrato de estos animalejos No pudo evitar pensar en la maestra de 5º grado cuando leyó sobre la mantícora. 



El unicornio también le llamó la atención, estaba bellamente ilustrado con colores brillantes en azul, rojo  y dorado.  Le pareció el más hermoso entre tantos monstruos. Un animal pequeño, blanco y delicado  con un cuerno en el centro de la frente. Paulina  solicitó un diccionario ilustrado  en castellano para poder interpretar mejor la historia de estos ser fabuloso. Leyó que el unicornio se describía de diversas maneras, como un chivo pequeño, un asno o un caballo. El único cuerno en medio de la cabeza se representa como recto y largo, y a menudo con un surco en espiral que lo recorre. Es feroz, fuerte y rápido, y ningún cazador puede atraparlo. Para domesticar a la bestia para que pueda ser capturada, una niña virgen es colocada en su camino. El unicornio, al ver a la doncella, se acerca a ella y pone su cabeza en su regazo y se queda dormido. Los cazadores pueden capturarlo o matarlo fácilmente. Algunos relatos dicen que la joven virgen debe desnudar su pecho y permitir que el unicornio succione. Si así lo hace es capturado y es llevado al palacio del rey. También aquel día copió que  el unicornio es enemigo del elefante, al que ataca con su cuerno, perforando la barriga del mastodonte. Algunas fuentes decían que es el clavo afilado en el pie del unicornio el que lo  atraviesa. El cuerno de un unicornio es muy valorado. Se puede usar para detectar veneno y, si se sumerge en una bebida envenenada, el mismo hace que el veneno se vuelva inofensivo. El cuerno en polvo se usa como afrodisíaco. No entendía aún el significado de “afrodisíaco” pero la palabra le encantó.




Paulina leía y anotaba estos datos que la trasladaban a lugares increíbles .Volvía  a la casa humilde con piso de tierra y al releer estas anotaciones la casa le parecía un castillo medieval.
Lo que más le impactaba eran las figuras de animales míticos como la medusa con serpientes en la cabeza.
En 1957, Paulina aún no existía .Un escritor argentino de apellido Borges publicaba en México el Manual de Zoología Fantástica, 10 años después la obra era ampliada y publicada con el título de “El Libro de los Seres Imaginarios  por la editorial Kier en  Buenos Aires en 1967. Llegó a manos de la bibliotecaria como un obsequio de una excéntrica señora que viajaba a Europa y no podía llevar tantos libros en sus maletas. Cuando Paulina estaba en séptimo grado Ofelia le dijo que podría llevárselo a su casa para leerlo tranquila , que tenía unas ilustraciones muy bonitas que ella sabría copiar muy bien y que los relatos eran breves, también podría transcribirlos si quisiera.
Paulina no respiró por unos segundos,  quedó sin,  casi pensó que le podía dar una muerte súbita como esas que había leído en los libros de Higiene y Biología. Lo guardó en el portafolio de cuero y al terminar la clase, las cuadras hasta su casa se le hicieron eternas. No comentó nada. Se sacó el guardapolvo , comió unas chuletas secas ,frías que su madre había dejado en la plancha de asar. El puré también estaba frío .pero el corazón de la niña hervía. Levantó los platos, los lavó y se recostó a deleitarse con su tesoro. 
Leyó el prólogo y lo que le llamó la atención era que el autor hablaba como “nosotros” y que decía :

“Ignoramos el sentido del dragón, como ignoramos el sentido del universo, pero algo hay en su imagen que concuerda con la imaginación de los hombres, y así el dragón en distintas latitudes y edades. Un libro de esta índole es necesariamente incompleto; cada nueva edición es el núcleo de ediciones futuras, que pueden multiplicarse hasta el infinito. Invitamos al eventual lector de Colombia o del Paraguay a que nos remita los nombres, la fidedigna descripción y los hábitos más conspicuos de los monstruos locales.”

¿Por qué no había nombrado a la Argentina? Ella sabía de algunos monstruos locales y del barrio. Qué lástima pensó. Podría haberle escrito a la dirección que figuraba en la anteportada Se lo comentaría a Ofelia. Se fijó en el índice y hojeó algunas ilustraciones. 




Descansaba entre lecturas, transcribía los relatos e intentó no con mucha suerte copiar los dibujos. Bebió mate dulce con cáscara de naranja y poleo , luego se hizo un té con hojitas de mandarina como le enseñaba su abuela Teresa para calmar su ansiedad. Elina pasó a buscarla el sábado para ir al cine pero ella prefirió continuar con la curiosidad que le provocaban esos seres. Sobre todo las víboras que se mezclaban con otras criaturas. Su madre les tenía fobia, se horrorizaba si veía una soga, un cable o algo que se pareciera a una de estas bichas. Muchas veces y hasta adulta tuvo la sospecha de que las personas les tienen miedo a ciertos animales porque en cierto modo se parecen a ellos. El escritor describía a la Anfisbena  como una serpiente con dos cabezas como si una no le bastara para descargar su veneno. Refería El Tesoro de Brunetto Latini: “La anfisbena es serpiente con dos cabezas,  una en su lugar y la otra en la cola; y con las dos puede morder, y corre con ligereza, y sus ojos brillan como candelas” .

Se enteró que Anfisbena, en griego, significa “que va en dos direcciones” y que es un reptil que en  países sudamericanos  comúnmente se la conoce por doble andadora, por serpiente de dos cabezas y por madre de las hormigas. Esto es porque las hormigas la mantienen. También que, si la cortan en dos pedazos, éstos se juntan. Otra bestia que la conmocionó fue “EL BASILISCO”. La breve narración contaba que en el  transcurso del tiempo el basilisco se modificó hacia la fealdad y el horror y ahora se lo olvidó. Su nombre significa pequeño rey; para Plinio el Antiguo, el basilisco era una serpiente que en la cabeza tenía una mancha clara en forma de corona. En  la Edad Media, fue un gallo cuadrúpedo y coronado, de plumaje amarillo, con grandes alas espinosas y cola de serpiente que podía terminar en un garfio o en otra cabeza de gallo. Borges aclaraba que el  cambio de la imagen se debía a  un cambio de nombre; Chaucer, en el siglo XIV, habla del basili-cock. Paulina recordó ese  nombre:  Geoffrey Chaucer, un escritor, filósofo, y poeta inglés, autor de los Cuentos de Canterbury que ella ya había leído. Otro detalle que agregaba el escritor era que uno de los grabados que ilustran la Historia Natural de las Serpientes y Dragones de Aldrovandi le atribuye escamas en vez de plumas, y ocho patas.



Hacía alusión a  la virtud mortífera de su mirada. Los ojos de las gorgonas se petrificaban; Lucano refirió que de la sangre de una de ellas, la Medusa, nacieron todas las serpientes de Libia: el áspid, la anfisbena, el amódite, el basilisco. Y transcribía El pasaje del  libro IX de la Farsalia y que ella redactó cuidadosamente en su libro de notas.
Agregaba el poeta ciego que el basilisco vivía en el desierto; mejor dicho, creaba el desierto. A sus pies caían muertos los pájaros y se pudrían los frutos; el agua de los ríos en que se mojaba quedaba envenenada durante siglos. Su mirada rompía las piedras y quemaba el pasto. Otra vez se le apareció a Paulina unos  rostros cuyos rasgos se asemejaban a esta alimaña. 
Se aseguraba que el olor de la comadreja lo mata y que  en la Edad Media, lo hacía el canto del gallo. De este modo los viajeros experimentados se proveían de gallos para atravesar comarcas desconocidas.
Otra elemento mortífero era un espejo; al basilisco lo fulmina su propia imagen. Paulina no pudo evitar relacionarlo con el mito de Narciso
El domingo a la noche  terminó de leer toda la obra. Había podido copiar y realizar algunos trazos de dibujo.
Pero por sobre todo jamás se olvidaría de estas historias fantásticas que se parecían en muchos aspectos a la realidad del mundo de los humanos. 

Patricia Delaloye 
9 de septiembre de 2019

martes, 1 de octubre de 2019

Un pájaro creció en mi pecho

Arte :Daría Petrilli


Esta tarde un pájaro negro, oscuro 
Picoteó mi  corazón 
Con un sorpresivo salto rasgó mi blusa 
metió  su pico en la carne de mi pecho 
lo más profundo
Mientras roía  la herida 
Su lengua punzante desgarraba 
La carne a jirones
Chupaba la sangre brotada en hilitos
Los otros pájaros observaban 
Con ojos desconcertados
No agitaron sus  alas
No trinaron 
Un silencio de sepulcro invadió el salón
El pájaro con su plumaje embetunado 
Chillaba y mientras tragaba mi sangre 
Gorjeaba un sonido extraño 
Cuando extrajo su pico de la herida 
Comenzó a cerrar sus alas
Y voló rápidamente por la ventana
Y luz regresó al sitio donde estaba
Otro pájaro me creció en el pecho
Sus plumas son suaves 
Con su pico cerró la herida 
Se posa en mis manos a veces 
Me arrulla desde entonces 
Otras veces retorna a mi pecho



Patricia ,2019

Blogoteca de Microrrelato

Hoy les traigo una recopilación de Blogs dedicados al microrrelato, relato breve, minificción, microcuento o ficción breve o mínima como se ...