Elena en la peluquería
Elena pasó por la peluquería esa tarde y otra tarde, muchas tardes. No se animaba a entrar. Ella nunca se animaba. Había pensado que un corte la favorecería y le daría un nuevo estilo. Además el cartel decía: “Masajes capilares descontracturantes”. Esto la estimulaba más. En la oficina le hacían la vida imposible .Sobre todo Beatriz con ese maltrato y su arrogancia. Pero que le toquen la cabeza, que otras manos desconocidas palpen su cuero cabelludo la intimidaban. Si a ella la única que la peinó era su madre. Al fin una tarde se decidió. Entró y un joven con un mechón turquesa en el flequillo le dijo ¡Qué bueno que viniste! ¡Te veía siempre mirar por la vidriera! Vení, tranquilita, sentáte en este sillón cómodo y dejá todo en mis manos. Elena cerró los ojos y se abandonó a su destino. El estilista hizo su trabajo en media hora, a Elena le pareció una noche entera. Corte, frotado, lavado, secado y teñido. ¡Ya está! Miráte, ¿no estás divina? Elena se miró al espejo y un mechón fucsia #fulminante le caía por la frente.
Sintió un escozor en todo el cuerpo y pensó:”Mañana pido una licencia por enfermedad” Se van a reír de mi.
¡Nunca podré ser feliz aunque sea un día!”

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Patricia